miércoles, 31 de octubre de 2007

ECONOMÍA DE LA TELEVISIÓN. La televisón como actividad pesquera

Situar desde un punto de vista económico a la televisión dentro del sector servicios como industria oferente de algo a lo que se llama genéricamente "comunicación" parece ser tan evidente que no requeriría de ultrerior análisis. Sin embargo, si se consideran elementos tales como los contenidos de la "comunicación" que ofrecen las empresas que componen el sector televisivo así como sus fuentes de financiación y problemática económica, un punto de vista alternativo, como es le que aquí se va a proponer, puede que sea más adecuado. Por decirlo de una vez, con arreglo a esta posición alternativa habría que considerar a la televisión como un sector mucho más semejante o asimilable a la industria pesquera por sus modos y problemas que lo que se espera de un sector donde la modernidad y las nuevas tecnologías son sus elementos definitorios.


En efecto, como algunos críticos llevan diciendo mucho tiempo, lo que ofrecen los distintos canales de televisión en abierto es realmente publicidad, propaganda, que se interrumpe de tanto en tanto para emitir programas variados cuya única finalidad es evitar que los telespectadores se aburran demasiado, cambien de canal o apaguen el aparato. Pero si se acepta este punto de vista, se sigue que los auténticos clientes de los canales de televisión no son sus espectadores sino las empresas de publicidad que trabajan para las empresas que producen los bienes y servicios que publicitan. Ellas son las demandantes últimos de televisión en sentido económico, es decir, quienes pagan o sufragan los costes de todo el proceso de "creación" de la "comunicación" televisiva.


Pero, entonces, no es difícil darse cuenta de que las cadenas de televisión funcionan como una suerte de "barcos de pesca" que salen todos los días a pescarnos a los "caladeros" donde estamos los televidentes para "vendernos" como audiencia a las empresas de publicidad a ver si estas consiguen finalmente en convertirnos en consumidores de los productos de las empresas para las que trabajan. La competencia entre las distintas cadenas sería así enteramente igual a la competencia que enfrenta en un caladero determinado a diferentes barcos faenando. Gana aquella cadena que en un determinado "caladero" o franja horaria, "pesca" más televidentes para sus anunciantes, capturas que luego "vende" a los anunciantes. Desde esta perspectiva los contenidos de los programas no son sino los "cebos" que se usan para capturar diferentes "especies" de consumidores. No es necesario ser un gran "analista de medios" para darse cuenta de que un programa de la catadura intelectual de "Supermodelos" se dirige al "caladero" femenino joven, o que "Escenas de matrimonio" o el sinnúmero de programas del "corazón" de tan descorazonador éxito capturan la abundante morralla de nivel cultural ínfimo y nivel estético casposo, de mediana o más edad que tanto abunda en los caladeros de nuestro país. Otros programas, como p.ej., series como "Doctor House", de mayor envergadura intelectual, emocional o moral, son los cebos para pescar especies más exóticas y por ende, menos abundantes aunque a veces más "sabrosas", es decir, con mayor renta disponible para gastar, y por ello más demandadas por las empresas de publicidad de productos de gama media o alta. Al igual que no se pesca a cualquier hora del día hay caladeros/franjas horarias en las que las capturas son escasas, poca publicidad se encontrará por tanto en esas horas, que los canales rellenan con teletiendas y demás programas enlatados de coste despreciable o ya emitidos ("cebo", pues, ya pasado o caducado). A destacar, finalmente, que el cebo que es eficaz para "pescar" una especie de televidentes puede ser totalmente tóxico para otra, de modo que si una cadena utiliza en una franja horaria un cebo tan venenoso para un cerebro no enteramente desestructurado como el que ofrecen programas como "el Tomate", "A Tres Bandas", etc., etc., los telespectadores que todavía mantengan alguna neurona todavía activa en sus cerebros se irán a otros "caladeros" o programas, si los hay, so pena de sufrir algún trastorno psicosomático.



Desde esta perspectiva es posible contemplar, además, algunos problemas a los que hace frente el medio televisivo. Básicamente, el problema que afecta al sector pesquero y al televisvo es el mismo: el de la sobreexplotación de los caladeros. Como la Teoría Económica enseña, en ausencia de derechos de propiedad sobre algún recurso económico, es decir, si es de propiedad común o de libre acceso (cosa que sucede tanto a los recursos pesqueros que no son de nadie, como al conjunto de los "televidentes" que no son "propiedad" de una empresa de publicidad determinada), el recurso tiende a ser utilizado de forma no eficiente. Al no ser de nadie, al no tener dueño, nadie cobra por su uso, por lo que inevitablemente surge el fenómeno de la sobrepesca que esquilma los caladeros marinos y de audiencia. En el caso televisivo, esta ineficiencia en el uso del recurso de libre acceso "televidentes" se manifiesta en dos fenómenos: 1) el crecimiento en el tiempo dedicado a la publicidad por todas las cadenas y la consiguiente disminución del tiempo dedicado a otros programas, es decir, lo que siguiendo con la analogía podría describirse como la disminución de la cantidad de "cebo" que las cadenas televisivas ponen en sus redes (o programación), y 2) el uso del mismo tipo de programas o "cebos" para las mismas franjas horarias por parte de las diferentes cadenas compitiendo por los mismos tipos de peces/telespectadores. La consecuencia, que tanto preocupa a las cadenas televisivas, es la disminución en el volumen de las "capturas" pues los televidentes huímos a otras alternativas comunicacionales (Internet, la televisión de pago o por cable) que nos den más cantidad de "cebo" o programas, y a ser posible, de mejor calidad. Ello lleva a las cadenas a meterse de lleno en guerras de audiencia y en una búsqueda sin fin de nuevos cebos o programas. El consiguiente aumento en los costes que ello supone refuerza, a su vez, la presión competitiva por la cuotas de audiencia. No es extraño, por ello, que en su búsqueda de mejorar sus cuentas de resultados mediante la mejora de sus capturas de televidentes, las cadenas televisivas busquen una "regulación" estatal del sector (entendida como siempre ha de entenderse la palabra "regulación": como el establecimiento de barreras de entrada a la competencia), obstáculos que impidan la presencia de nuevos "barcos de pesca" en unos caladeros ya tan sobreexplotados. La segunda forma habitual de proceder es el intento de llegar a acuerdos entre los diferentes "armadores" o propietarios de las cadenas para establecer "acuerdos entre caballeros" que se plasmen en estrategias conjuntas frente a las empresas publicitarias y acuerdos de reparto de la tarta del mercado publicitario.



No puedo acabar sin mencionar un punto sobremanera importante. Las cadenas televisivas han encontrado en el público infantil unas "capturas" extraordinariamente rentables en estos tiempos en que a los niños se les ha concedido por primera vez en la historia la mayoría de edad como consumidores prácticamente a partir de los tres años de edad. Por ello es en las franjas horarias infantiles donde se encuentra el uso de "cebos" más deleznables y con efectos a largo plazo más destructivos. Sorprende aquí que los poderes públicos, tan cuidadosos con las crías de los peces realespeZqueñines, no gracias!), se hallan olvidado tanto de las crías de esos "peces metafóricos" que somos los humanos para las cadenas de televisión.



Finalmente, una última apreciación. Como toda analogía, esta también tiene sus límites. Creo que resulta ilustrativa para las televisiones en abierto, pero claro está no tendría la misma validez para una televisión pública que no se financiara mediante publicidad (como no es el caso de RTVE) ni tampoco para las televisiones de pago. Para este tipo de cadenas, el modelo de una televisión que vende contenidos a sus espectadores y no televidentes a las empresas de publicidad aún podría ser ser el adecuado.

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