sábado, 17 de mayo de 2008

BENDITOS ESPECULADORES. La muy visible "mano invisible" de los especuladores


EL PAÍS, 20/05/08

Una de las cosas que como economista más me irritan de la mayoría de la gente es la facilidad y seguridad con las que se permite opinar sobre asuntos de economía y recomendar políticas económicas sin pararse siquiera un momento a pensarse dos veces lo que están diciendo. Recuerdo que, hace tiempo, en los años duros de la crisis de los años ochenta, cuando hacía viajes en autobús o tren y algún compañero de viaje entablaba conmigo conversación (siempre, ellos primero), me inventaba una profesión distinta a la que tengo para obviarme los sinsabores que sabía me esperaban ineludiblemente cuando la charla acababa donde inevitablemente siempre lo hacía: lo tontos que eran "los del gobierno" y lo bien que iría todo si les hiciesen a ellos caso para solucionar la crisis económica. Todos los problemas económicos les parecían de fácil solución, de modo que si no se solventaban como ellos proponían ello sólo era debido a estupidez, maldad o a la persecución de sus particulares intereses por parte de los que mandaban, ya que la economía era un asunto de sentido común pues a fin de cuentas se reducía a observar y facilitar/obstaculizar el funcionamiento de la ley de la gravedad económica: la ley de la oferta y la demanda, ley cuyo conocimiento por otra parte no requeriría de mucho estudio pues cualquiera con dos dedos de frente pronto se la acaba sabiendo la mar de bien por el solo hecho cotidiano de ir a la compra.


Pues bien, sin necesidad de meterse en más honduras existe una "prueba del algodón" simple, inmediata y segura para constatar a las claras si alguien ha superado, no digamos el nivel de primaria, sino el de guardería en eso de la comprensión de la ley de la oferta y la demanda. Y es el "tema" de los especuladores. Y es que no falla, si uno lee o escucha una opinión en que se "acusa" a los especuladores de algún mal social o económico, no hay duda: su autor es un auténtico analfabeto económico, y más vale alejarse y dejar por imposible de tratar de dialogar pues cualquier intento de razonar con él será como darse de cabezazos contra un muro. Y una cosa más, cuanto más analfabeto se es en estos asuntos, curiosamente, más vociferante y más audiencia y espacio en los medios de comunicación parece que se tiene derecho a tener. Hay, incluso, una entera profesión que hace gala de su analfabetismo económico: la de los periodistas (la de los políticos no le va muy lejos a la zaga), basta para sustentar tal juicio con recordar cómo entre ellos la idea de que había un culpable claro a la subida de los precios de las viviendas en los últimos años: los especuladores de suelo, gozaba de todo el crédito posible. En estos últimos tiempos, la perversión de los especuladores parece haber dado un paso adelante en la carrera de la maldad, pues en opinión de los periodistas, tertulianos y demás sesudos intelectuales que proliferan en los "medios" los especuladores son también responsables de la nueva visita que el hambre parece que quiere hacer al mundo pues con su comportamiento están haciendo subir desaforadamente los precios del arroz, el trigo, el maíz y demás granos (acompañados en el ranking de maldad por los productores/consumidores de biocombustibles). El editorial del El País que encabeza esta entrada expresa claramente esta posición, hoy ampliamente compartida, de que los especuladores no andan lejos de ser unos malvados cuyas malvades han de ser puesta bajo control por las instituciones públicas.

¿Malditos especuladores? ¿Habría que controlarlos o, mejor, perseguirlos? Pues no, todo lo contrario. Benditos especuladores, y que haya los que tenga que haber y cuántos más, en muchas ocasiones, mejor, pues son imprescindibles para el correcto funcionamiento de las economías de mercado. Pero ¿qué son los especuladores? Quizás, como en otros muchos casos, la mejor definición es una analógica. Los especuladores son, sencillamente, comerciantes que operan en el tiempo. Igual que los comerciantes habituales hacen sus transacciones en el espacio, comprando barato en un lugar y vendiendo más caro en otro, los especuladores harían lo mismo pero en el tiempo: comprarían barato (acapararían, sí) en un momento del tiempo para vender caro más adelante en el futuro, y al hacerlo así y al igual que lo hacen los comerciantes que se mueven en el espacio beneficiarían a toda la sociedad.


Veámoslo con más detalle. Y para ello lo mejor es proceder por partes separando dos situaciones, la del primer momento en que los especuladores compran, de la del segundo, en la que venden, y veamos qué ocurre en cada una de ellas. Analicemos en primer lugar el momento inicial en que los especuladores compran. El efecto es una subida de precios, y tal efecto perjudicará a unos: a quienes a quienes estaban comprando al precio más bajo y beneficiará a otros, a quienes estaban vendiendo. Pues bien, a menos que arbitrariamente concedamos más importancia social a los primeros que a los segundos, la conclusión de esta primera fase de la actuación de los especuladores es socialmente positiva. Para observar el porqué separemos las ventas/compras que se hacen en el mercado en tres partes. En primer lugar, las ventas que hacen directamente por los productores-oferentes a los consumidores. La ganancia de los primeros debida a la subida de precios se compensa exactamente con la pérdida que sufren de los segundos. No hay aquí ni ganancia ni pérdida social o agregada sino solamente una transferencia de de rentas desde los bolsillos de los consumidores a los de los oferentes. En segundo lugar, están las ventas que, antes, los productores hacían a los consumidores pero que ahora no las hacen debido a que estos disminuyen sus compras por la subida de precios. Esas ventas se siguen haciendo, pero ahora se hacen a los especuladores. Ni qué decir tiene que quienes aquí pierden son los consumidores que observan cómo ahora los especuladores se quedan con esas compras que antes eran ellos quienes hacían. Pero la pérdida que sufren los consumidores tiene un menor valor que la ganancia que experimentan los productores, simplemente porque los especuladores pagan por las compras que hacen un precio más elevado del que los consumidores están dispuestos a pagar. Por lo tanto, la sociedad en su conjunto (excluidos los especuladores) gana. En tercer lugar, la subida de precios que provoca la intervención de los especuladores tiene el efecto de que los productores aumenten su producción y sus ventas. Aquí, quienes ganan , de nuevo son los productores en tanto que nada pierden los consumidores pues se trata de bienes que antes no se producían. En suma que si se tiene en cuenta los efectos de la actuación de los especuladores en esta primera fase del movimiento especulativo, el resultado es una ganancia neta para el resto de la sociedad, o sea, para el conjunto formado por oferentes y consumidores.


Y, ¿qué pasa en la segunda fase? ¿qué ocurre cuando llega el futuro, cuando los especuladores se convierten en oferentes y sacan al mercado lo que acapararon en la primera fase? Obviamente, ahora la actuación de los especuladores se traduce en una bajada en los precios. Y para observar su efecto sobre la sociedad, de nuevo lo mejor es subdividir las ventas en tres partes. La primera se compone de las ventas que los productores siguen haciendo a los consumidores pese a la bajada de precios. Resulta obvio que, ahora, estos últimos ganan puesto que las compras que siguen haciendo las pagan a un precio más bajo. Pierden, claro, los productores que venden lo mismo más barato. Pero desde un punto de vista agregado o social, nadie pierde en esta parte de las ventas pues las ganancias de los consumidores se compensan exactamente con las pérdidas de los productores. Sólo habría habido una transferencia de rentas desde el bolsillo de los productores al de los consumidores. La segunda parte de las ventas se compone de las ventas que los productores antes hacían a los consumidores pero que ahora no hacen debido a que la bajada de precios les lleva a reducir su producción dado que a los nuevos precios sus ingresos por ventas serían más pequeños que sus costes de producción. Los oferentes pierden, está claro, pero sólo los beneficios que hubieran hecho en esas ventas, pues al producir menos se "ahorran" los costes de producción de esas unidades que ahora no hacen. En cuanto a los consumidores, obviamente, ganan, pues esta parte de las ventas se la hacen ahora los especuladores a un precio más bajo del que les hubieran puesto los productores. Los consumidores ganan por tanto en esta parte de las ventas, y lo que es importante, ganan más que la pérdida que sufren los productores, o sea, el beneficio que dejan de percibir los productores en esas ventas que ahora no hacen pues lo que pagan los consumidores es mayor que ese beneficio. Una tercera parte se compone de las nuevas ventas/compras que se hacen a los precios más bajos, aquellas que permiten a los consumidores adquirir una cantidad de bienes mayor que la que obtendrían en ausencia de especuladores. Nada pierden aquí los productores, en tanto que los consumidores se benefician. En conjunto, en esta segunda fase del proceso de especulación, como resultado de la actividad de los especuladores hay una ganancia neta para productores y consumidores considerados como un todo, una ganancia neta para la sociedad en su conjunto (excluidos los especuladores).


Y ¿para la sociedad en su conjunto?, es decir, para la sociedad ahora ya teniendo en cuenta a los especuladores. Pues caben dos respuestas. En primer lugar, está la respuesta que corresponde a la situación en que los especuladores obtienen beneficios. Tal cosa pasaría si hubiesen acertado en sus previsiones, es decir, si los precios hubiesen subido lo que ellos esperaban. En este caso, los beneficios que obtienen los especuladores y que se unen a los beneficios netos de los productores y consumidores se deben a la mejora en la utilización de los recursos que se deriva del proceso especulativo. Gracias a la especulación las divergencias de precios entre el presente y el futuro tienden a atenuarse y lo que ello posibilita es que, en vez de usar derrochadoramente hoy un bien por ser muy barato, un bien que más adelante será muy escaso, deseado y valorado a un precio muy elevado, gracias a la especulación algo de ese bien se guarda hoy lo que permitirá que esté disponible en el futuro. La actividad especuladora es, pues, la forma en que una sociedad de mercado logra ser prudente. El especulador hace, por lo tanto, sin saberlo, una actividad socialmente muy útil y, en consecuencia, obtiene un beneficio llevándose a su bolsillo una parte del beneficio social que s actividad permite. Cierto que, a veces, esta parte puede parecer y ser enorme, pero la forma de enfrentarse a esta desproporción no es prohibiendo la actividad especuladora sino fomentándola, pues conforme mayor sea el número de especuladores más competencia habrá entre ellos por lo que menor será la disparidad entre precios en hoy y precios del futuro y, en consecuencia, los beneficios de comprar barato y vender caro disminuirán.


Pero ¿y si los especuladores tienen pérdidas? En tal caso, es que se han equivocado, sus expectativas no eran correctas y la escasez prevista por ellos no se ha materializado por lo que los precios o no suben o lo hacen menos de lo que sería necesario para no incurrir en pérdidas. Si los especuladores compran caro y venden barato, no aumentan por lo tanto la eficiencia con la que la sociedad utiliza sus recursos: con su comportamiento especulativo habrían hecho que la sociedad se "pasara" de prudente por lo que el beneficio social agregado podría ser negativo. Pero lo que es importante es darse cuenta de que, como se ha expuesto antes, los productores y los consumidores, es decir, la sociedad en su conjunto excluidos los especuladores siguen ganado aún en este caso, es decir, que quienes pagan sus equivocaciones son los especuladores o aquellos que han confiado e invertido en ellos.




Pero dado todo lo anterior, queda en el aire una cuestión, la de que por qué los especuladores tienen tan mala fama. Y aquí es necesario explicitar dos puntos. Primero, que al margen de su "bondad económica" desde un punto de vista agregado o social, hay que recalcar que eso no es sino un efecto colateral no intencionado de su actividad, que, como el resto de los demás agentes económicos, los especuladores no están en el mercado para beneficiar a la humanidad sino para ganar dinero, persiguiendo su propio y egoísta interés como diría don Adam Smith. Ganar dinero con el paso del tiempo sólo puede hacerse de una forma: comprando barato hoy y vendiendo caro en el futuro, pero claro nadie conoce con exactitud el futuro, o sea que los precios en el futuro pueden ser los esperados o no por los especuladores, caso de que acierten con sus previsiones se embolsan una buena suma; caso que no acierten, pierden, pero en cualquier caso, ganen o no, la sociedad en su conjunto gana. Segundo, que la idea de que la especulación es una actividad económica nociva parece deberse a unas nociones previas de qué es una actividad productiva y qué no lo es. Así, dado que el especulador no produce nada, es meramente un intermediario que parece obtener unos buenos beneficios a cambio de nada, a cambio meramente de esperar a que pase el tiempo. Y eso no sería "justo". Los escolásticos medievales "racionalizaron" esta posición argumentando que el mero paso del tiempo, la elevación del valor de los objetos que ello pudiera suponer y los consiguientes beneficios no estaba justificado que nadie se los apropiase pues el tiempo era una creación divina. El especulador (al igual que el prestamista a interés) "robaba" pues a Dios. La especulación y la usura eran, pues pecados gravísimos. Resulta por demás curioso que estas ideas sigan perviviendo tras tantos siglos. Pero, adicionalmente, sucede que el especulador puede ganar pero también puede perder. Y aquí aparece una segunda fuente de reproche moral a la especulación: la que siempre ha acompañado a los jugadores. Pero hay una gran diferencia entre el juego y la actividad especuladora. El juego es, utilizando la jerga de la Teoría de juegos, un juego de suma cero, una actividad en la que los jugadores (incluyendo a la "casa" que lo organiza) se reparte una determinada cantidad de riqueza; por el contrario, la especulación es (o puede ser, si se incluyen las posibles pérdidas de los especuladores) una actividad de suma mayor que cero pues gracias a ella, y como ya se ha justificado, la riqueza social crece.


¡Ah! Una última cosa. Parece que para este año se preven cosechas record de arroz y otros granos. A lo que se ve, lo agricultores están respondiendo a los elevados precios consecuencia de la actividad de los especuladores como predice la teoría económica. Quizás el hambre no haya sido más que algo pasajero y todavía Malthus no hay retornado. Y si ello es así, ¿no será ello debido a la "benefactora" mano visible" de los especuladores?

No hay comentarios:

Publicar un comentario