viernes, 30 de enero de 2009

LECCIONES DEL TITANIC (II): Tres hurras por los gentlemen británicos.

Pero hay más. El estudio de Savage, Frey y Tongler también permitía clasificar a las víctimas por su nacionalidad. Nada sorprendente es que fueran en mayor proporción británicas (incluyendo sólo a estos efectos contables a los irlandeses) pues de ese origen cultural eran tanto la mayoría de pasajeros como los miembros de la tripulación. Lo que resulta sin embargo más sorprendente es constatar que los británicos (no las británicas ni los niños británicos) murieron proporcionalmente en mayor número. Más concretamente, se tiene que los ingleses varones tuvieron una probabilidad de sobrevivir un 7,7% inferior a la media, en tanto que los norteamericanos tuvieron una probabilidad de sobrevivir un 8,5% superior a la media. A pesar de ocupar camarotes más apartados de los botes salvavidas que los pasajeros de nacionalidad británica, se salvó proporcionalmente un 25% más de pasajeros norteamericanos que de pasajeros británicos.



A la hora de explicar estos resultados diferenciales, Savage apuntó a dos posibles explicaciones. La primera se refería a los efectos de cumplir a rajatabla la regla de la cola en una situación de "vida o muerte". A lo que parece desprenderse de lo que dice Savage, por educación, los británicos están habituados a hacer y -lo que es aquí más importante- respetar las "filas". Ello suponía que aquellos pasajeros de "culturas" donde el "colarse" es más común ya sea (a) por no ser las colas algo habitual, (b) no formar parte su respeto del -llamémosle- "currículo educativo" o (c) por no estar "penalizado" el colarse de modo efectivo, o sea nada más allá de unos murmullos y recriminaciones acerca de si quienes así se comportan son unos "caraduras" o si "no se les caerá la cara de vergüenza", gozaban de una ventaja comparativa a la hora de acceder a los botes respecto a los pasajeros más educados, más acostumbrados a respetar las colas o con mayor sentido de la "vergüenza". Simplemente se saltaban las colas mientras los británicos las guardaban. Como dijo Savage en una entrevista realizada en una radio australiana: "Creemos que quizá los británicos se colocaron en la fila, en su estilo tan típicamente británico, y esperaron que les tocara el turno (para subir a los botes salvavidas)", en tanto que los norteamericanos se buscaron mejor la vida pues "La sociedad estadounidense es más individualista, y creemos que los estadounidenses quizá hayan sido mejores para detectar las posibilidades para subirse a un bote".


Pero hacer fila quizás no fue la única causa de mortalidad diferencial por nacionalidades. Así, y cito textualmente la información de la BBC (http://news.bbc.co.uk/go/em/fr/-/hi/spanish/misc/newsid_7843000/7843849.stm ), "el investigador describió que, entre los testimonios de supervivientes recogidos en el Reino Unido y Estados Unidos poco después del hundimiento, había muchos de mujeres que explicaban que sus maridos las subieron a los botes salvavidas y luego se fueron a la parte trasera del barco a fumar un cigarro y socializar, mientras el barco se iba hundiendo", mientras escuchaban -me imagino- a los ocho músicos también británicos que ¡Dios sabe por qué! ¿por deontología profesional, quizás?¿por respeto a sí mismos?, decidieron seguir tocando parece que hasta el final. "Hubo un señor bastante adinerado que, después de meter a su esposa en un bote salvavidas, bajó a su habitación para ponerse el esmoquin, con la idea de que si iba a morir tenía que hacerlo como un caballero y bien vestido". Y, a lo que parece, esa caballerosidad formaba parte de la cultura británica en mayor medida que de la norteamericana. Según testigos presenciales, mientras el barco se hundía, el capitán de la embarcación gritaba "sed británicos chicos, sed británicos". "La cultura estadounidense era más individualista y la cultura británica valoraba más tener un comportamiento de caballero" y "hay que recordar que se trataba del periodo eduardiano, cuando para estar en la cima social había que comportarse con caballerosidad", afirmo Savage.

Hay que señalar no obstante, y para ser justos, que hubo muchos pasajeros norteamericanos que no se quedaron atrás de sus colegas británicos en esa displicente actitud ante la muerte. Es de ley aquí recordar a los multimillonarios Benjamin Guggenheim y John Jacob Astor, al presidente de los ferrocarriles canadienses Charles, y a algunos más, pero muy, muy especialmente a Ida Straus, la mujer y compañera de Isidor Straus, dueño de los grandes almacenes Macy´s y congresista de los EE.UU. "Pasaban pocos minutos de la una de la madrugada del día 15 de abril de 1912. En la cubierta del Titanic quedaban ya muy pocos botes salvavidas. Los oficiales podían contener "a duras penas" el "deseo" de los hombres de embarcarse en los botes para salvar sus vidas. Cuando el matrimonio Strauss fue a embarcarse en el bote salvavidas que le correspondía, el oficial de guardia impidió el paso a Isidor Strauss, indicándole que sólo podía permitir embarcar en el bote salvavidas a las mujeres y a los niños. Ida Strauss ya se encontraba subida al bote y varios hombres que contemplaban la escena rogaron al oficial Lightoller que dejase subir al bote a Isidor Strauss, el hombre tal vez de más edad que viajaba en el Titanic --tenía 67 años--, pero el oficial se negó y entonces Ida Strauss, desde el bote salvavidas, saltó a la cubierta del Titanic diciéndole a su esposo: "Hemos vivido juntos durante 35 años y juntos moriremos" (información de la Fundación Titanic según recoge la agencia Europa Press).

A la hora de evaluar este comportamiento diferencial de los británicos tan contrario de sus oportunidades de salvación, resulta de lo más sintomático que Savage (y parece que también Bruno Frey) haya "justificado" los comportamientos poco caballerescos afirmando que "lo que es aceptable en una sociedad, puede no serlo en otra" y que "los estadounidenses quizá dijeron: ’Ey, qué estupidez pararse aquí! ¿De qué sirve?’". Y digo que esta postura es un signo a considerar porque, por un lado, elude el preguntarse a qué o a quién se debía ese cambio cultural que hacía aceptable unas conductas tan poco caballerescas en la sociedad norteamericana en general (y por extensión, hoy en todas a tenor de la "norteamericación" cultural del mundo), y, en segundo lugar, porque esa "justificación" del comportamiento anticaballeresco como económicamente racional (lo caballeresco sería "estúpido") es un curioso signo del cambio que se ha dado tanto en el análisis económico como en los economistas que lo hacen. En efecto, el comportamiento económico racional, el propio de un "homo oeconomicus" fue teorizado y justificado como eficiente y deseable socialmente por los economistas anglosajones de finales del siglo XIX (Stuart Mill, Jevons, Marshall, Edgeworth) siguiendo la estela del Adam Smith, pero no sólo del Smith de la Riqueza de las Naciones sino del de la Teoría de los Sentimientos Morales. Y para estos economistas el comportamiento de los caballeros del Titanic no hubiera sido sino el esperable de unos hombres económicos bien educados y conocedores de la teorización económica. Como señalara un economista tan agudo como Tibor Scitovsky (1991) "el hombre económico, cuyo comportamiento analizaron los economistas británicos no era, como los críticos pensaban, un bruto sin principios; por el contrario, ellos lo modelaron a su imagen y a la de sus amigos, a la imagen pues de un perfecto gentleman inglés de un honor irreprochable, que siempre perseguiría su propio interés dentro de los límites de la decencia y el decoro". Para otro economista, este ya del siglo XX, pero también de la -digamos- "escuela caballeresca", Kenneth Boulding, nunca sería dable que hubiese abundancia de hombres económicos insensibles y amorales por la sencilla razón, darwinista en último extremo (y hoy no políticamente correcta), de que "nadie en su sano juicio querría que su hija se casase con un hombre económico, uno que ponderara cada coste y exigiese ante ello su recompensa, que nunca fuese afligido por arranques de enloquecida generosidad o amor no calculado, uno que nunca actuara a partir de un sentimiento de identidad anterior y que realmente careciera de ella incluso aunque ocasionalmente se viera afectado por consideraciones cuidadosamente calculadas de benevolencia o malevolencia". Pero se equivocaba. A lo que parece ahora son comunes y hasta aceptables cultural o socialmente (según apuntan Frey o Savage) los hombres económicos de un nuevo tipo, del tipo que hubiese considerado estúpido guardar una cola, dejar su puesto a una mujer en un bote salvavidas, o aceptar un destino infausto en una situación como la del Titanic sin tratar de que fuera algún otro quien lo arrostrase.


Para los economistas de hoy en día, el hombre económico que opera en la realidad económica de hoy presenta o mejor, debiera presentar unas características muy distintas a las de los caballeros victorianos o eduardianos, si en su comportamiento ha de atenerse a las reglas de comportamiento que le prescriben los economistas contemporáneos: "Comenzando en la década de los años 70, y contando con algunos notables precursores, los economistas de una variedad de campos reintrodujeron al homo oeconomicus en la profesión. Pero como sucediera con el putativo regreso de Martin Guerre a su lugar de nacimiento, muchos han dudado que fuera realmente la misma persona. El nuevo hombre económico no es un 'gentleman' victoriano: está sin ningún tipo de compromiso dedicado a perseguir sus objetivos y resulta ser menos benigno. No satisfecho con calcular tasas marginales de sustitución mientras va de compras, ahora también optimiza mientras decide cuán duro trabajar para su empleador, cuán fiable será la información que transmita a sus socios con los que intercambie, o si los beneficios excederán a los costes al dejar de hacer frente al pago de un crédito. Estas actividades problemáticas del nuevo hombre económico, observa Oliver Williamson, incluyen...el entero conjunto de esfuerzos ex ante y ex post para mentir, engañar, robar, desorientar, disfrazar, ofuscar, confundir, distorsionar y fingir. Williamson se refiere a este fenómeno como 'búsqueda del propio interés con engaño'" (Bowles y Gintis, 1993). Dos preguntas surgen espontáneamente cuando uno se para a considerar lo anterior. La primera es la que partiendo de que el hombre económico victoriano es una construcción mental a imagen y semejanza de sus creadores, se pregunta si el nuevo tipo de hombre económico no será sino el fiel reflejo de cómo son hoy los economistas teóricos que los hacen habitar en sus modelos. Y la segunda, que ya se planteó en una entrada anterior de este mismo blog ("¿Son los economistas buena o mala gente?" del 17/12/07) es la de si no serán los economistas que educan a los jóvenes aprendices de hombre económico los que estarán por ello mismo contribuyendo a crear y a que se acepte este nuevo tipo de hombre económico en sociedad. Si las respuestas a ambas preguntas fuesen positivas, una tercera cuestión como ya viejo economista se me antoja pertinente: la de que quizás mereciera la pena cerrar las facultades de Economía y las escuelas de negocios.




6 comentarios:

  1. Ciertamente, brillante. Aunque quizá un poco demasiado inglés para mi gusto. Impecable y… ¿circunspecto?
    Menos alambicado y absolutamente incorrecto políticamente (of course) es el animalario que David Anisi nos ha dejado en su Web.(http://web.usal.es/~anisi/Fin%20de%20Semana/pcrs.htm)
    Y aunque, si las entendederas no me fallan los diagnósticos son similares, la medicina que se desprende del arranque de sinceridad de Anisi es más concreta a fuer de críptica que la irónica elipsis (inglesa) que propones. En lugar de cerrarse las Facultades de Económicas debieran reconvertirse en nidos de Serpientes.

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  2. Fernando Esteve Mora10 de febrero de 2009, 11:20

    Ah, David, David...Ahora que lo dices, me lo imagino en el Titanic. No, no se hubiera salvado, (casi) estoy seguro. Habría acompañado a su compañera a alguno de los botes y se hubiera vuelto al bar, con alguno de los millonarios, a fumarse el último par de cigarros y beberse la última Mahou (cinco estrellas, of course), lamentando probablemente que los de la orquesta, tan finos y elegantes, no se supiesen ninguna de sus canciones favoritas.

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  3. Desde mi humilde punto de vista creo que a lo que nos enfrentamoses a un cambio en la escala de valores. Este cambio en la escala de valores nada tiene que ver con el marginalismo y la economía racional.

    Considero que ciertamente el "american way of life2 ha hecho que hayamos entrado en una cultura del todo vale siempre que de dinero. Esto es hemos aceptado que el merito y el esfuerzo sean valores en desuso, y esto nada tiene que ver con la economía. Hemos llegado a estadio de desarrollo cultural en el que lo único que importa es el status económico y otros valores sociales no son aceptados, (tal vez esto no sea tan marcado en Francia, pero a cambio tienen un regimen marcadamente oligarquico).

    Es cierto que se ha llegado a este estadio por falta de sentido decomunitario, lo que hace dificil el sentirse miembro d euna comunidad y que por tanto esta te pueda dar un valor añadido alejado del mero metal. Esto hace que esforzarse para no obtener recompensa economica carezca de sentido, ya que no hay una comunidad que te pague con reconocimiento o status social.

    Por esto llegamos a que las únicas funciones de pago en nuestro dias sean economicas y no acepten otras variables (merito, educación, cultura).

    Esto se da a nivel global, sin embargo en las pequeñas comunidades (amigos, familia, medicos, profesores de universidad, hackers, etc...) Es normal ver que los miembros actuan de un modo altruista, educado y que valoran el esfuerzo de buscar reconocimeinto dentro de la comunidad aunque no reciban nada a cambio.

    Por tanto llego a la conclusión de que estos gentelman estan recibiendo un pago positivo por comportarse d emanera "honrada" en forma de reconocimeinto social, mientras que si hubiesen sobrevivido hubieran tenido un pago negativo socialmente, la gente les habría criticado!!!.

    Creo que en cualquier caso es importanta modelizar todas las variables dentro de su marco, así no simepre es útil usar el modelo de robinson crusoe y viernes que nos ofrece Varian, sino nque a veces este modelo debe de ser adaptado para que de equilibrios en puntos que plantreando mal el modelo quedarian dentro d ela lupa!!.

    Luis. Ex alumno

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  4. Fer, tienes un error en el enlace de noticias de la bbc, has duplicado el http de la dirección:

    http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_7843000/7843849.stm

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  5. Fernando Esteve Mora16 de marzo de 2009, 9:19

    Gracias, Blonde. Mi inutilidad con esto de las nuevas tecnologías tiende a ser irremediable. Cosas de la edad. Menos mal que, de momento, siempre hay "princesas rockeras" que como gentiles escuderos le sacan a uno de los pasos difíciles.

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