miércoles, 3 de marzo de 2010

Una de las características que hacen que la economía española sí que sea diferente a las economías de otros países de su entorno es el comportamiento tan -digamos que- "especial" de sus mercados de trabajo. Por decirlo en una palabra, esa característica diferencial es la  elevadísima respuesta del empleo respecto a las variaciones del PIB, de modo que cuando el PIB crece, se crea mucho. muchísimo  empleo (recordemos a este respecto cómo en los años anteriores al desencadenamiento de la crisis  la capacidad de dar ocupación de la economía española ha sido tan enorme que ha integrado en su mercado a millones de emigrantes); pero exactamente lo opuesto sucede  cuando la cosa económica se pone difícil,  y así, cuando  el PIB disminuye  la destrucción del empleo es auténticamente brutal como lo estamos viendo desde 2008. Y lo que ha pasado en estos últimos años no es nada extraño o circunstancial, sino que esa reactividad del empleo respecto a las variaciones en el PIB parece ser una característica estructural de nuestros mercados de trabajo (véase el Anexo a esta entrada donde se muestran por trimestres desde 1996 las tasas de variación del empleo -en la primera columna- y del PIB -en la segunda-).

Pero analizemos la situación con mayor detalle. Si se observan  las tasas de variación trimestrales  del empleo y se comparan con las tasas de variación del PIB (columnas primera y segunda del Anexo), un primer hecho resalta y es que parece evidente que hay un umbral en el crecimiento del PIB que es necesario traspasar para que se se cree empleo en términos agregados. Dicho de forma más concreta, si se quiere que el crecimiento económico genere empleo el PIB ha de crecer al menos a una tasa del 2%. Y esto pasa  siempre, trimestre tras trimestre, o mejor dicho, casi siempre, pues, como se observa en el anexo ha habido dos trimestres desde 1996 en que el empleo aumentó aunque el PIB creciera por debajo del 2%. Esta "constante" empírica es  la aplicación concreta para la economía española de la conocida como Ley de Okun. Ese 2% actúa, por tanto, como tasa de crecimiento de referencia  a la hora de observar la respuesta positiva del mercado de trabajo español. 

Un segundo aspecto a destacar es que, a tasas de crecimiento del PIB por encima de este 2%, el empleo crece más que proporcionalmente que el PIB. Para observar más dtenidamente este efecto se ha procedido en primer lugar a calcular  la tasa de variación del PIB por encima de ese 2% que actúa como nivel de referencia a la hora de generar empleo. El procedimiento es muy simple y consiste en  restarle a la tasa de crecimiento del PIB de cada trimestre  un 2%, lo que nos daría la tasa de crecimiento del PIB "neta" en términos que  muestra qué tanto del  crecimiento del PIB realmente observado genera realmente empleo. Los datos aparecen en la columna cuarta del Anexo.Obsérvese aquí  la situación especial que se da en aquellos trimestres en que el PIB no crece, entonces, por decirlo así, el efecto destructor de empleo de la tasa de variación negativa del PIB se agudiza: el empleo no sólo cae porque la tasa de crecimiento del PIB sea negativa sino que, adicionalmente, a esa "negatividad" hay que agregarle el -2% ya que -recordemos- para que crezca el empleo no basta con que crezca el PIB sino que ha de crecer más de un 2%,  en consecuencia, la tasa de variación corregida del PIB del tercer trimestre de 2009 no es sólo del -4% sino que, a efectos de la destrucción de empleo hay que restarle otro -2%, dando un total de -6%. Es decir, que si nos fijamos en sus  efectos sobre el empleo, la tasa de variación del PIB habría sido de un -6%. 

La forma más inmediata de observar los efectos de la variación del PIB sobre el empleo es mediante el cálculo de la elasticidad del empleo respecto al PIB. Esa elasticidad se calcula de modo inmediato dividiendo la tasa de variación del empleo  por la tasa de variación del PIB.  Pero dado que el empleo sólo crece si el PIB lo hace en más de un 2%, una medida más adecuada de esa sensibilidad del empleo a las variaciones del PIB consiste en relacionar las tasa de variación del empleo (columna primera) respecto a las tasas corregidas de variación del PIB (columna cuarta). La última columna (la quinta) nos muestra  esa elasticidad corregida, y los datos reflejan lo que ya se ha mencionado, o sea, que la sensibilidad del empleo a las variaciones del PIB es muy elevada. 

Un tercer aspecto relevante, que no es sino una forma alternativa de contemplar lo ya indicado, es que el crecimiento de la productividad del trabajo observado estadísticamente (la diferencia entre la tasa de variación del PIB y la tasa de variación del empleo, que aparece como columna tercera del Anexo) es muy pequeña.Los datos muestran que, excepto en algunos trimestres en que se destruye muchísimo empleo, el crecimiento de la productividad está por debajo del 1%  o incluso del 0,5% para la gran mayoría de trimestres, e incluso en algunos de ellos, la tasa de crecimiento de la productividad es negativa.Y ello, en opinión de la mayoría de analistas, es un grave problema para la economía española pues la debilidad del crecimiento en la productividad del trabajo afecta negativamente a su capacidad competitiva y al crecimiento en el medio y largo plazo. Ante este problema, es habitual por parte de la inmensa mayoría de los analistas  hacer siempre unas mismas reflexiones de todos conocidas y que se resumen en una misma conclusión: el crecimiento de la productividad en España es muy mediocre o nulo porque el nivel de capital humano en nuestro país es muy bajo y/o porque  no se aplican las  nuevas tecnologías.

Pero hay algo que no me cuadra nada en esta "explicación", de modo que me parece que tiene mucho de "cuento chino", siendo la razón última de ello el que deja sin explicar el porqué la elasticidad del empleo respecto al PIB es tan elevada en la economía española. Por otro lado, si el problema fuese el escaso capital humano o la insuficiencia de inversiones en nuevas tecnologías, no deberían observarse esas tasas de crecimiento en la productividad tan elevadas en los periodos de crisis (véanse , por ejemplo, las cifras del crecimiento de la productividad de los últimos trimestres), por la sencilla razón de que, como es obvio,  ni el capital humano ni las nuevas tecnologías se usan más o son más efectivos en situaciones de crisis.

Como este es un blog de Economía digamos que un poco "alternativo" (o al menos eso se pretende), se me ha ocurrido una posible explicación a este asunto que, con toda seguridad, sería considerada un auténtico despropósito por parte de mis colegas de profesión, caso de que la conociesen. Pero como a mí sus habituales explicaciones no me convencen nada de nada, paso a exponerla aunque sólo sea por dar pie a una polémica o a otra forma de ver las cosas, seguramente equivocada. 

Mi explicación parte de una analogía. Si en vez de estar analizando la elasticidad respecto al PIB del uso de un factor de producción como es el trabajo, se nos dijera que los datos que aparecen en  la columna quinta del Anexo corresponden a la elasticidad del uso de un bien de consumo respecto a la renta, y si nos preguntaran de qué tipo de bien económico se estaba hablando, dado el comportamiento que los datos muestran, la respuesta sería inmediata. Esas elasticidades-renta por encima de la unidad nos indicarían a las claras que el bien de que se tratase sería un bien de lujo. Y es que en microeconomía se define un bien de lujo como aquel bien  cuyo uso o consumo crece más que proporcionalmente cuando aumenta la renta de los consumidores, y que, a la inversa, su uso decrece también más que proporcionalmente cuando cae la renta. La lógica de la definición está meridianamente clara: si la renta de los consumidores cae, han de "apretarse el cinturón", y, obviamente, los bienes de los que prescinden en primer lugar son los bienes de lujo, no los necesarios

Y, ahora, si enfocamos con esta perspectiva los datos que aparecen en el Anexo, la conclusión parece obvia. A nivel agregado, para la economía española como un todo, el factor trabajo se comporta como un bien de lujo. Y ello porque su uso o empleo crece más que proporcionalmente en las fases alcistas de la economía cuando el PIB crece por encima del 2% y se reduce también más que proporcionalmente en las fases contractivas como la actual. Pero, por otra parte, ¿que sentido tiene decir que un factor de producción es un factor de lujo? Ninguno en principio. En ningún libro de Microeconomía, que yo sepa, aparece nada parecido a la existencia de factores de producción de lujo. A veces, como curiosidad se habla de factores de producción inferiores. Puede ocurrir que para alguna tecnología suceda  que algún factor de producción se comporte como si fuese un bien inferior de modo que su empleo crece menos que proporcionalmente al crecer la producción. Pero nunca que yo sepa se considera la posible existencia de un factor de producción de lujo, como por otro lado es de esperara ya que, para las empresas, el uso de los factores de producción es un coste, por lo que si tratan de minimizar sus costes, tratarán obviamente de minimizar el uso de los factores para cada nivel de producción, no aumentarlo. Dicho de otra manera, si las empresas tratan de maximizar beneficios la noción de un factor de producción de lujo, o sea, redundante en último término, carece del más mínimo sentido económico. Las empresas maximizadoras de beneficios sólo contratarán las cantidades de factores que sean las imprescindibles y necesarias para llevar a cabo sus procesos de producción. 

Pero los datos ahí están. Para el aparato productivo español, el trabajo es -quiérase o no- un factor de producción de lujo; un factor del que se desprende rápida y más que proporcionalmente a la caída en la renta nacional o PIB, cuando ésta se contrae; un factor cuyo empleo crece más que proporcionalmente con el PIB cuando las cosas van bien. Luego la implicación está clara: una parte del trabajo que se contrata en fases expansivas es de lujo, no es necesario. No es que todo el empleo sea un factor de producción de lujo sino que una parte sí que se comporta económicamente como si fuese  un factor de producción de lujo, de modo que cuando las cosas van mal las empresas se desprenden de él y se quedan solamente con el trabajo necesario para llevar adelante los procesos de producción de la forma más eficiente posible.

Y, ciertamente, este tipo de comportamiento es de lo más raro para una empresa, totalmente  contrario a la  regla de comportamiento que la Economía prescribe como guía los comportamientos de los empresarios en los mercados competitivos: la maximización de beneficios. ¿Es que las empresas españolas no buscan maximizar beneficios o, lo que es lo mismo,  minimizar costes? Es posible y se me ocurre una posible explicación para este comportamiento de las empresas. Se trata de una explicación poco convencional y quizás por ello para mí muchísimo más sugerente. Esta explicación parte del supuesto de que  para muchos empresarios españoles, sobre todo los dueños de pequeñas y medinas empresas, la contratación de trabajo responde a una doble motivación. Por un lado, esos empresarios contratan trabajadores como un factor de producción necesario para llevar adelante los procesos productivos; pero, por otro, también contratan trabajadores como bien de consumo, y esos trabajadores compondrían la parte del empleo que se comportaría como un factor de producción de lujo. Del primer subgrupo de trabajadores, los empresarios obtienen productos y al venderlos, beneficios monetarios; pero la pregunta entonces es qué obtienen del segundo tipo de trabajadores. Y la respuesta es que obtienen utilidad, bienestar  o satisfacción, lo mismo que obtienen del consumo de los demás bienes de consumo que utilizan. Más concretamente, lo que obtienen los empresarios cuando contratan trabajo no con fines productivos sino consuntivos, es una utilidad o satisfacción posicional: la que se deriva de ser jefes, de estar arriba en una escala jerárquica, de tener una posición social. Y, claro esta,  uno es más jefe o es un jefe más importante cuántos más subordinados tiene, conforme más empleados tiene en su empresa.  En otras áreas de la economía, por ejemplo en el estudio del comportamiento burocrático de la administración pública la llamada tesis de Niskanen según la cual los burócratas tratan de maximizar el tamaño del organismo burocrático que tienen  a su cargo como objetivo a perseguir goza de amplia aceptación. ¿Por qué no podría pasar lo mismo en una economía como la española, tantos años protegida de la competencia internacional, y hoy todavía con sectores bastante resguardados?

No tengo forma de demostrar esta hipótesis de modo eficaz. Tan sólo puedo aquí contar la impresión que he sacado de los criterios que guían la política de contratación de algunos empresarios amigos míos. He observado repetidamente, que conforme les empieza a ir bien, esa política se hace más laxa, hasta el extremo de usar el volumen de personal en sus empresas como indicador de éxito profesional y personal,  y como criterio de comparación entre ellos. También he observado que hay una cierta "mentalidad" entre los pequeños empresarios españoles que les lleva a comportarse con arreglo a la máxima de que se es más jefe conforme se puede dejar a otros el que hagan las tareas que antes uno hacía, pues, caso contrario, ¿qué ventaja tendría? Lo que no sé es si estas impresiones particulares y aisladas acerca del comportamiento de los empresarios podrían tener validez general. Pero, ciertamente, me gustaría saberlo. Y de ser una aproximación aceptable en alguna medida, quizás llevaran a pensar que se yerra de modo radical cuando como vías para afrontar la problemática del mercado de trabajo se acude a las más que consabidas y parece ser que poco efectivas a pesar de los largos y costosos esfuerzos que se han dedicado desde hace más de veinte años a transitarlas: el despido libre, la formación continua, la inversión en nuevas tecnologías, etc., etc.    


ANEXO
Contabilidad Nacional Trimestral de España. Base 2000








TASAS DE VARIACIÓN del EMPLEO, del PIB, de  la PRODUCTIVIDAD (PROD.), del PIB  corregido (PIB*) y de la elasticidad del empleo respecto al PIB corregido




























.



Variación
EMPLEO
PIB
PROD.
PIB*
E*
   2009TIII
-7,2
-4
3,2
-6
1,2
   2009TII
-7,2
-4,2
3
-6,2
1,16
   2009TI
-6,3
-3,2
3,1
-5,2
1,21
   2008TIV
-3,2
-1,2
2
-3,2
1,00
   2008TIII
-1
0,5
1,5
-1,5
0,67
   2008TII
0,3
1,7
1,4
-0,3
-1,00
   2008TI
1,5
2,5
1
0,5
3,00
   2007TIV
2,2
3,1
0,9
1,1
2,00
   2007TIII
2,8
3,5
0,7
1,5
1,87
   2007TII
3,1
3,8
0,7
1,8
1,72
   2007TI
3,3
4
0,7
2
1,65
   2006TIV
3,1
4
0,9
2
1,55
   2006TIII
2,7
4,1
1,4
2,1
1,29
   2006TII
3,8
4
0,2
2
1,90
   2006TI
3,7
3,9
0,2
1,9
1,95
   2005TIV
3,5
3,8
0,3
1,8
1,94
   2005TIII
3,7
3,4
-0,3
1,4
2,64
   2005TII
3,1
3,7
0,6
1,7
1,82
   2005TI
2,6
3,6
1
1,6
1,63
   2004TIV
2,7
3,4
0,7
1,4
1,93
   2004TIII
2,7
3,6
0,9
1,6
1,69
   2004TII
2,6
3,1
0,5
1,1
2,36
   2004TI
2,8
2,9
0,1
0,9
3,11
   2003TIV
2,8
3,2
0,4
1,2
2,33
   2003TIII
2,4
3
0,6
1
2,40
   2003TII
2,2
3
0,8
1
2,20
   2003TI
2,3
3,2
0,9
1,2
1,92
   2002TIV
1,9
2,7
0,8
0,7
2,71
   2002TIII
2,5
2,6
0,1
0,6
4,17
   2002TII
2,4
2,9
0,5
0,9
2,67
   2002TI
2,5
2,7
0,2
0,7
3,57
   2001TIV
2,9
3,3
0,4
1,3
2,23
   2001TIII
2,7
3,8
1,1
1,8
1,50
   2001TII
3,4
3,5
0,1
1,5
2,27
   2001TI
3,9
4
0,1
2
1,95
   2000TIV
4,9
4,5
-0,4
2,5
1,96
   2000TIII
5,4
4,5
-0,9
2,5
2,16
   2000TII
5
5,4
0,4
3,4
1,47
   2000TI
4,7
5,8
1,1
3,8
1,24
   1999TIV
4,5
5,3
0,8
3,3
1,36
   1999TIII
4,4
5
0,6
3
1,47
   1999TII
4,8
4,7
-0,1
2,7
1,78
   1999TI
4,9
4,1
-0,8
2,1
2,33
   1998TIV
4,7
4
-0,7
2
2,35
   1998TIII
4,5
4,7
0,2
2,7
1,67
   1998TII
4,4
4,6
0,2
2,6
1,69
   1998TI
3,7
4,6
0,9
2,6
1,42
   1997TIV
3,7
4,7
1
2,7
1,37
   1997TIII
3,3
3,8
0,5
1,8
1,83
   1997TII
3,5
3,5
0
1,5
2,33
   1997TI
3,6
3,4
-0,2
1,4
2,57
   1996TIV
2,4
2,9
0,5
0,9
2,67
   1996TIII
2
2,8
0,8
0,8
2,50
   1996TII
0,6
2,2
1,6
0,2
3,00
   1996TI
0,5
1,7
1,2
-0,3
-1,67

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