viernes, 29 de julio de 2016

"Shadow Financing": De la Economía de las limosnas a la financiación del terrorismo

Quiero pensar que ninguno de mis improbables lectores se haya visto obligado a pedir o mendigar para sobrevivir. Pero sí que sé con toda seguridad que más de cien veces se le habrá solicitado en calles, plazas o medios de transporte ayuda económica o material por parte de gentes que decían necesitarla. En general, a (casi) nadie le gusta desprenderse de su dinero sin más, por lo que los mendicantes se ven obligados a superar esa querencia que la mayoría tenemos a conservar para nosotros (y nuestras gentes cercanas) el dinero que tenemos.
Son dos los problemas que un mendicante ha de superar si quiere recibir limosna. Primero, ha de señalizar que se la merece, y, segundo, ha de señalizar que va a usar la ayuda que reciba para satisfacer las necesidades que dice que padece. De nuevo, como en otras entradas de este blog, se trata de problemas de Economía de la Señalización.
Para solventar el primero de esos problemas para una mendicidad eficiente, el mendicante ha de convencer al posible donante que se merece la ayuda que le solicita. Y, para ello,  no sólo ha de parecer pobre, o sea necesitado de ayuda, lo cual es obviamente fácil, sino que (en la mayor parte de los casos, o sea, al margen del escasísimo número de discípulos de Jesús más auténticos o radicales) ha de mostrar también que de alguna manera se merece esa ayuda que pide. Es decir, ha de señalizar que su estado de pobreza no es responsabilidad suya (o sea, fruto de su pereza o de su ludopatía u otras dependencías) sino que es fruto de adversas circunstancias. La enfermedad, la crisis económica, el desempleo, la vejez, la discriminación inmerecida, etc... pueden ser causas externas de una mala situación económica, ajenas en buena medida al solicitante de ayuda, y que pueden suscitar la compasión del donante en la medida que cualquiera puede verse afectado por ellas. (Ya se sabe que la vida da muchas vueltas...) De entre todas ellas, quizás la enfermedad y la vejez puedan ser las más eficaces a la hora de señalizar merecemiento para recibir ayuda, además de ser de alguna manera fácilmente verificables (obsérvese cuántas veces los pedigüeños esgrimen certificados médicos que les inhabilitarían para trabajar como justificaciones de su situación).
Por supuesto que el Estado del Bienestar dificulta sobremanera el que los pobres superen este primer problema de la Economía de los Mendicantes, pues los donantes pueden sentirse ajenos a las solicitaciones que les hacen de ayuda por parte de gentes que ya disponen de la suficiente ayuda por parte del sector público. El Estado del Bienestra puede convertir a los mendicantes en algo diferente: en pedigüeños, y estos lo tienen obviamente más difícil ("Contra el vicio de pedir/está la virtud de no dar", decía Quevedo). Afortunadamente para ellos, aún en los estados del bienestar, los pedigüeños pueden esperar "ayuda" en respuesta a sus peticiones. La razón es que la relación entre donante y mendicante no es una transferencia unilateral, sino que en ella es difícil que no haya también una suerte de  intercambioposicional, es decir, que al solicitar ayuda el mendicante "da" algo a cambio al donante pues al ponerse en un nivel socialmente más bajo que el donante, le hace sentir superior. Dicho de otra manera, la mendicidad también es un intercambio de dinero a cambio de "status" o posición social (y también "moral", como revela la cara y lenguaje verbal y no verbal de tantas betas que al salir de las iglesias se complacen en repartir limosna a "sus" pobres como señal de su elevada posición en la escala de la virtud que se construye entre los grupos de fieles )
Pero, aún en el caso de una señalización eficiente de irresponsabilidad  ante su penosa situación,  el mendicante ha de afrontar un problema adicional, cual es el del "paternalismo" que caracteriza a los donantes. Ese paternalismo consiste simplemente en el hecho de que los donantes suelen querer que su ayuda sea "efectiva", es decir que se  convierta en el objeto que satisface la necesidad que motivó la petición de socorro. O sea,  que si ha sido el hambre, la falta de alojamiento o la salud lo que motivó su petición de ayuda, el donante quiere que el mendicante dedique la ayuda  que reciba a comida, medicamentos o a pagar una pensión. 
Ello plantea un obvio problema cual es que la ayuda que el potencial donante puede dar es por lo general en forma de dinero, y dado que el dinero puede usarse para comprar cualquier cosa, el donante nunca tendrá la seguridad de que el mendicante destine la limosna que reciba al fin que justificó su donación. Dicho con otras palabras, el donante potencial nunca sabe con certeza que la limosna que se solicitó para comprar comida o medicinas o pagar una pensión la dedique el mendicante a esos fines y no se la gaste en alcohol, drogas, diversiones, juego o "mujeres". 
Para sortear esta dificultad que el paternalismo de los donantes plantea, los medicantes han elaborado desde siempre una serie de estrategias (que revelan por cierto que son muy buenos economistas: la necesidad aguza el ingenio), y que van desde pedir al donante que les acompañe y sea él el que les compre la comida o las medicinas que necesitan (cosa que muy difícilmente ocurrirá, pues para el donante su tiempo tiene un valor) hasta no pedir dinero directamente, sino solicitar una ayuda en especie (un bocadillo, fruta o cualquier otro bien que les pueda ser útil). Con ambos comportamientos, el mendicante señaliza que le es indiferente el recibir dinero o no, que lo que quiere son los bienes concretos que satisfacen sus necesidades.
(Con gusto he de recordar y homenajear aquí a un par de pedigüeños a quienes en dos ocasiones distintas tuve el placer de ayudar. En uno de los -para mí- mejores ejemplos de los que los teóricos de la Economía de la Señalización denominan "contraseñalización", estos pedigüeños pedían dinero explícitamente no para sus "necesidades" sino para sus vicios (¿hay alguna diferencia, por cierto?. Estaban sentados en la Calle Arenal de Madrid, y delante de ellos habían puesto varios platos en los que habían depositado algunas monedas. Junto a cada plato había un pequeño cartel en el que se exponía a las claras a qué iban a destinar el dinero que ahí recogiesen: cerveza, whiskey, drogas, mujeres, y algun otro destino que ahora no recuerdo. No sé cómo les fue, pero me da la impresión que no demasiado bien a tenor del hecho de que al solicitar ayuda para pagarse vicios, o sea, "bienes de lujo" en jerga económica, hacían inviable que los donantes se sintieran en mejor posición social que ellos, es decir, que al decir que se iban a gastar las limosnas en "vicios" no satisfacían la obligación de sumisión social que exige el intercambio posicional presente en toda relación de donación) .
El señalizado "desprecio" del mendicante por las limosnas en dinero suele ser efectivo a la hora de acallar las dudas que el donante pueda tener acerca del destino final de la limosna monetaria, la que le resulta más fácil al donante. Y ello revela la inteligencia estratégica del mendicante, sea cual sea el motivo final de su petición de ayuda. Pudiera pensarse que tal cosa sólo es cierta para el mendicante que quiere ayuida para comida, medicinas o alojamiento pero no para el que quiere la ayuda para vino, juego y/o "mujeres". Pero no. Y es que, aún si el donante procede a dar al mendicante una donación especie al mendicante "deshonesto"/ "juerguista", no hay problema, pues seguirá  financiando aunque en la "sombra" sus vicios. La razón de ello es que al darle la limosna en especie (comida, alojamiento, etc.), ello le quita al mendicante "juerguista" la obligación de tener que usar parte de su dinero en comprarlos, lo que libera esos recursos monetarios para gastarlos en sus vicios. LLamaremos a esto "financiación en la sombra" o "shadow financing" .
Esto debería reseulta obvio y elemental. Lo es para los mendicantes "juerguistas",pero no suele serlo para los donantes. Por ejemplo, es muy habitual que las ONG y demás organizaciones de ayuda humanitaria se enorgullezcan de que las ayudas que ellas gestionan están condicionadas, es decir, que están dirigidas a la ayuda humanitaria a la pòblación (hospitales, escuelas, talleres, saneamiento, etc.) de un estado a diferencia de las ayudas financieras que ese estado puee recibir de otro que pueden destinarse (y se destinan de hecho) a la compra de armas o al mantenimiento de cuerpos pòliciales represivos, etc.
Pues bien, si se ha seguido el argumento anterior, se sigue que el "argumento" de las organizaciones humanitarias no es correcto en su integridad. Al igual que el bocadillo que se le da al mendigo juerguista, le libera de la necesidad de dedicar parte de su dinero en comprase uno, por lo que puede destinar esos fondos a la mesa de bacarrá de un casino, el dinero que una ONG dedica a hacer un hospital es un dinero que el estado ya no  necesita gastarse en ese hospital, y puede dedicarlo a fines mucho peores que el juego.           
Y un ejemplo más. Cada vez que se habla de combatir al terrorismo, surge inevitablemente la apelación al uso del arma financiera. El argumento es obvio. El terrorismo es también una actividad económica, en el sentido de que consume y usa recursos económicos que han de emplearse para organizar los grupos terroriostas y financiar los atentados terroristas. Frenar la financiación directa que perciben esos grupos se ha convertido así en objetivo central para la política antiterrorista. Sus efectos los sufrímos todos en froma de crecientes normas y regulaciones que han de sartisfacerse en el sector financiero para dificultar que los grupos terroristas encuentren financiación fácil.
Dejando de lado la posibilidad de controlar las fuentes de financiación directas, de todo lo dicho hasta ahora se sigue que el terrorismo tiene también una fuente de financiación indirecta y oculta, una financiación en la sombra o  "shadow financing", que se abre cada vez que se ayuda a satisfacer las necesidades que tenga cualquier individuo que forme parte o bien del grupo terrorista o bien de sus simpatizantes.  Ya sé que este argumento no es de fácil asimilación por parte, por ejemplo,  de todas aquellas instituciones públicas y privadas (incluyendo el propio Ejército) que penan por ayudar a la población civil afgana, iraquí o siria, y se enorgullecen de su buen hacer...pero la lógica es tozuda, y ha de aceptarse que una parte de esa ayuida con seguridad habrá acabdo en manos de los talibanes, el ISIS o Al Qaeda.
Para que la cosa quede más clara, quizás el siguiente análisis gráfico sea útil. En el eje vertical se mide la cantidad de dinero que el individuo en cuestión dedica a la financiación de un grupo terrorista. En el eje horizontal se mide la cantidad de dinero que el individuo dedica a financiar sus gastos de todo tipo (menos los de financiación del terrorismo). Inicialmente, el individuo tiene Yo unidades de dinero (euros, dolares, el dinero que sea), y dedica una cantidad Co a comprar  bienes y servicios  y una cantidad To lo dona a los terroristas. Gráficamente está, por lo tanto en el punto 0 en la línea que define las posibles formas de distribuir su dinero entre consumo y financiación del terrorismo, línea que expresa su restricción  monetaria Yo = Co + To. 
Ahora supongamos que aparece un bien intencionado, pero mal economista, donante que quiere ayudar a este individuo. Como sabe de su predisposición a donar dinero a los "malos", decide no ayudarle en dinero sino en especie. Es decir, que en vez de darle un dinero A le da una cantidad de ayuda en forma de alimentos, medicinas, educación, etc. que vale A.....Y respira tranquilo. ¿Debería hacerlo? Sí, si el individuo tiene unas preferencias tales que tras la ayuda, se sitúa en el punto 3 de la nueva restricción económica que tiene tras la ayuda, pues en este caso, el individuo no hubiera dedicado una parte más grande de sus recursos propios a la financiación del terrorismo.
Pero otra cosa pasaría si las preferencias del individuo fueran tales que, tras la ayuda, el individuo se situase en el punto 2 de la nueva restricción económica a nla que ha de hacer frente tras recibir la ayuda en especie. En este caso, el valor monetario de toda la ayuda que recibiese en especie (A), se lo donaría al grupo terrorista.
Un caso intermedio vendría representado por el paso del punto 0 al punto 1. En este caso, el individuo aumaneta tanto el gasto que hace en bienes de consumo de Co a C1 como la cantidad que dona a la financiación del terrorismo que pasa de To a T1. Es decir, que este individuo dadas sus preferencias  dedicaría un porcentaje (T1 - To)/A de la ayuda que recibe a financiar el terrorismo. Una parte de la ayuda humanitaria se convertiría en financiación en la sombra del terrorismo. ¿Significa esto que no hay que ayudar a la población necesitada en Afganistán, Siria o Irak? No. Cosas como salvar la vida de un niño es un valor que hay que poner en el otro lado de la balanza de la "financiación en la sombra". Simplemente hay que saber lo que saben los economistas que casi siempre hay un "trade-off" en cualquier política, que las políticas "angélicales" no son de este mundo, que siempre hay un lado oscuro. 

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