lunes, 31 de octubre de 2016

Reivindicación de Silvio Gesell

Fue Silvio Gessell un reformador social y económico "de los de antes", o sea, de los tiempos en los que esa hoy todopoderosa institución en la sombra, la "Academia", con sus ritos, valores, métodos y jerarquías, no había todavía secuestrado a las mentes más inquietas, distrayéndolas en asuntos baladíes o apaciguándolas hasta inducirles un auténtico estado de coma intelectual, a la vez que tampoco tenía aún el suficiente poder para condenar al ostracismo o al ridículo a todos quienes, pensando por su cuenta en los problemas sociales y económicos, se arriesgaban a proponer soluciones.
Gessell, un empresario de origen alemán afincado en Argentina, se atrevió a pensar fuera de la entonces naciente Academía en los problemas sociales y económicos de su tiempo y al igual que los Fourier, Owen y Marx del siglo XIX, se descolgó con una suerte de teoría y política sobre el mundo social que pretendía solventar, de una vez por todas, los problemas socioeconómicos de la humanidad.
No me he leído toda su principal obra (El orden económico natural), que por cierto es enteramente legible, interesante y está a disposición pública en la red, pero sí que conozco un poco una en concreto de sus contribuciones o propuestas más destacadas: el dinero "sellado", donde se plasma en términos prácticos una de las políticas centrales del el pensamiento de Gessel.
Empecemos. Una de las primeras cosas que cualquiera aprende sobre  el dinero, esa entidad de la que Marx decía que había vuelto loca a más gente que el amor, son las tres funciones que cumple. Un dinero de pleno contenido es a la vez un activo y un medio que sirve como unidad de cuenta de valor, o sea, unidad de medida de lo que es valioso económicamente.
El dinero cumple también la función de ser un medio de cambio, un instrumento que facilita los intercambios entre individuos, cada uno ofreciendo de lo que tiene en demasía  y demandando aquello de lo que carece. Gracias al uso del dinero se puede superar la restricción a los intercambios que supone el trueque, que exige la concordancia plena de intereses entre quienes comercian.
Y, finalmente, el dinero es también un depósito de valor, o sea, una de las formas que los individuos tienen para guardar/acumular/atesorar derechos/valor/riqueza  para el futuro, forma de guardar que tiene la ventaja añadida de ser líquida per se, es decir, de podeer cambiarse de forma inmeditat por binese y servicios reales is se estima necesario o conveniente. Uno puede guradar riqueza en forma de activos físicos (casas, tierras, muebles, cuafdros, deudas personales de otros ahacia uno, pero estas formas de riqueza no son líquidas, es decir, han de convertirse previamente en dinero si quieren ser usasdas en un mercado a cambio de bienes y servicios,
Pues bien, de lo que Silvio Gessel se dio cuenta, antes que el mismo Keynes, es de que la función de medio de pago y la de depósito de valor pueden ser contradictorias. La razón es muy simple, si los agentes económicos por la razón que sea, quieren aumentar sus tenencias de dinero, su preferencia por la liquidez en términos keynesianos, la cantidad de dinero que queda para facilitar los intercambios disminuye, y con ella, también puede que lo hagan los intercambios, y con ellos el nivel de la actividad económica. Si los agentes guardan más dinero, ese dinero atesorado "deja de correr", y al no moverse, se interrumpe la actividad económica, se entra en crisis.  Esa, para Gesell era la causa última de las crisis económicas: un incremento en la preferencia de los agentes por tener colocada la riqueza en forma de activos líquidos, en dinero.
La solución para evitar esto era hacer que el dinero, como activo, como forma de colocación de la riqueza, tuviese una característica común con el resto de los activos físicos en este mundo físico: que el paso del tiempo los deprecia o degrada. Gesell propuso que el dinero también tuviese una fecha de caducidad, que el dinero que se emitiese o crease en una fecha estuviese "sellado" de modo que si no se utilizase (o sea, se emplease como medio de pago para realizar algún intercambio, ya sea comprando un bien de consumo, uno de inversión, contratando un servicio o a un trabajador, o prestándoselo a alguien para que hiciese alguna de esas funciones económicas)  antes de una determinada fecha, ese dinero perdiese una parte de su valor. Conforme fuese pasando más tiempo, mayor sería la pérdida de valor del dinero emitido en una determinada fecha, por lo que, quien no hiciese nada productivo con él y meramente lo atesorara,  vería como su valor se depreciaría ante sus ojos. La implicación de un dinero con fecha de caducidad es que los tenedores de dinero se verían incentivados a usarlo, no a guardarlo o atesorarlo, y al así hacerlo estimularían la demanda y con ella la actividad económica.
Gesell, como ya se ha dicho, fue considerado como un "freakie" avant la lêttre . Ninguna referencia a sus ideas puede encontrarse en ningún texto de Economía de los que se usan para "formar" o "deformar" las mentes de los estudiantes en las facultades de Economía, aunque economistas de la talla de Keynes o de Fisher lo tuviesen en alta estima (eran otros tiempos).
...And yet, and yet  ¡quién puede dudar que el espíritu de Silvio Gesell se complacería en la amplia asunción hoy de lo que hasta ahora era una auténtica herejía: los tipos de interés negativos, que hoy se acepta y defiende como el último de los mecanismos que queda en la armería de los economistas  para que la ineficaz política monetaria expansiva que se ha seguido en los últimos años tenga por fín los efectos reales que se llevan buscando desde 2008, pues si bien se mira un tipo de interés negativo es lo mismo que un dinero sellado, un dinero con fecha de caducidad!
(Gesell no sólo defendía esa idea, sino que abogaba también por otras reformas sociales de gran calado centradas en la eliminación de la apropiación privada de la renta económica que genera la propia sociedad y la defensa de las cooperativas, singularmente las gestionadas por mujeres. En otro momento, hablaré de ellas)    

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