domingo, 27 de noviembre de 2016

Kakosmia moral. Nuevas aproximaciones a partir del caso "Cifuentes"


                                                                             


cacosmia o kakosmia (del griego kakos, malo y osmé, olor). Trastorno del sentido del olfato de tipo alucinatorio que lleva a la  persona que lo padece a no percibir los olores fetidos y que  en algunos casos provoca la desviación del sentido olfatorio y conduce al afectado a preferir los olores fetidos. La cacosmia es la perversión del sentido del olfato por la que  resultan agradables los olores repugnantes o fétidos. A un enfermo de cacosmia, a un cacósmico, le parece fragante lo pestilente y bienoliente y hasta delicioso lo excrementicio.

Como apéndice a la entrada anterior ( http://www.rankia.com/blog/oikonomia/3389908-ley-weber-fechner-moral-pedo-corrupcion-proposito-caso-espinar) acerca de la "cacosmia" (o "kakosmia") moral selectiva o asimétrica, ese trastorno del "olfato moral" que lleva a los pacientes o afectados por el mismo percibir como fragantes y bienolientes los "pedos morales" que se "tiran" sus cercanos y allegados, amigos, correligionarios de ideologías, partidos e iglesias de todo tipo, en tanto que sí huelen como pestilentes los quie se "tiran" los "lejanos", rivales o enemigos,  me permito extenderme aquí brevemente recogiendo algunas novedades que se derivan del último caso demostrado de este tipo de kakosmia, el de la señora presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Cristina Cifuentes.

Es el caso que hasta este caso yo había pensado que ese trastorno de la sensibilidad moral debía de ser de tipo infeccioso y se daba en determinados colectivos con una clara y cercana convivencia. Y de ahí los contagios. La increíble abundancia de casos de kakosmia entre los miembros de la Iglesia Católica (recuérdese el más que maloliente asunto de la pederastia), los militantes de sindicatos y partidos y los socios de equipos de fútbol me llevaban a estimar que formar parte de ese tipo de organizaciones representaba un riesgo claro, al menos en el caso de este desventurado país y en estos desconsoladores tiempos.

Pues bien, el caso Cifuentes me lleva a cuestionarme esa apreciación. Como se ha conocido públicamente, la hermana de doña Cristina ha "conseguido" una plaza de Profesor Visitante en la Universidad Rey Juan Carlos de una manera tan irregular que puede ser, incluso, ilegal. Es tan increíblemente irregular que puedo asegurar a todos quienes lean este blog y no sepan de la forma en que se cubren las plazas de Profesor Visitante en la universidad española que es completamente inaudito que alguien con sus características curriculares o haya conseguido nunca. No pongo en duda que la hermana de doña Cristina Cifuentes tenga muchos "méritos propios" , pero por lo que sé, no sólo dudo sino que estoy seguro de que no son los exigidos por la Ley Orgánica de Universidades y la propia Comunidad de Madrid para ocupar una plaza de Profesor Visitante. En suma, que todo el asunto "huele más que mal", o sea, que es un "pedo moral" de libro. Al que, como para algunos era de esperar,  doña Cristina Cifuentes ha reaccionado como afectada por un más que serio problema de kakosmia moral: le ha parecido que todo el asunto (el comportamiento tanto de la hermanísima como de quienes le han concedido la plaza en la URJC, y singularmente su rector, de cuyo comportamiento como plagiador impenitente están los periódicos llenos estos días) está envuelto en un olor de santidad moral. Y no sólo eso sino que se ha permitido en tachar a los que si tienen su sentido del olfato moral en buen estado de  "canallas". ¡"Pobrecita" (es un decir), doña Cristina! Huele el más que apestoso "pedo moral" del asunto de la plaza de su hermana como fragante perfume parisino. ¡Qué caso más agudo de Kakosmia moral selectiva!  

Pues bien, el caso "Cifuentes" me ha hecho recordar otros casos de enfermos de este tipo de kakosmia con respecto a obvios "pedos morales" de sus familiares. (Por ejemplo, y a guisa de compensación, he de citar aquí el caso "Tania Sánchez" ). Y la implicación es obvia: ¿será que este trastorno del "olfato moral" tiene una base familiar? Si es así, puede ser que o bien tenga una base biológica de tipo genético, o bien que sea un "defecto" que se "aprende" desde la cuna, algo semejante al gusto o disgusto por ciertos alimentos que corre en las familias. En cualquier caso, si se demostrase esa etiología familiar para esta enfermedad moral ello supondría un claro revés para las posibilidades de una acción terapeútica pues no es nada fácil variar los comportamientos con base genética ni tampoco los que se aprenden en la infancia.

Malas noticias pues para los afectados ...y, claro está, para el resto de la población en la medida que, al igual que la incapacidad de los enfermos de kakosmia física los convierten en inadecuados para las ocupaciones en que poseer un sentido del olfato es necesario para desempeñar correcta o eficientemente las tareas que se requieran, la kakosmia moral debería ser una condición incapacitante para ostentar cargos en instituciones públicas y privadas que requieran una adecuada sensibilidad u olfato moral. Dada la importancia del asunto y a tenor de la magnitud de la epidemia de kakosmia moral que está afectando a la sociedad española, sería de desear que las investigaciones continuasen para encontrar un test de esa enfermedad que pudiese ser usado para ese fin.

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