miércoles, 4 de enero de 2017

La austeridad y la Virgen del Rocío


Mira que me tengo dicho que no me debo dejar liar por los asuntos de corto plazo, que ya estoy muy mayor para seguir "sulfurándome" con las cosas que pasan y se dicen...Pero es que no me dejan. Y es que ocurre que en los últimos tiempos, subidos en la carroza triunfal de las tasas de crecimiento de estos dos últimos años de la economía española, los economistas del gobierno y afines están tan henchidos de satisfacción que se diría que van a reventar ante el éxito de las políticas neoliberales que defienden. Políticas sencillas y comprensibles para todo el mundo y que se apoyan en dos "patas" más que argumentos:

1) la primera es la reforma de las regulaciones de los mercados de trabajo en contra de los trabajadores, que se ha traducido en la bajada de los salarios reales por hora de trabajo trabajada y no sólo contratada, o sea, los costes unitarios reales (bajada clara real se mida como quiera medirse, que cada vez me creo menos que lo que miden los institutos de estadística tenga algo que verr siquiera de lejos con este desventurado mundo real) y el empeoramiento general de las condiciones de trabajo.

El objetivo de esta política sería el aumento de las tasas de beneficio por unidad producida, como condición necesaria para que los capitalistas vean adecuado invertir, o como ellos gustan decir  "crear empleo" (¡Virgen Santa! ¡Qué altruistas! ¡Como si ése fuese realmente su objetivo!.  ¿Alguien puede creerse semejante estupidez? Pues lamentablemente, sí. Se lo cree  la mayoría del pueblo español: efecto sin duda de siglos de educación religiosa con su obliga exigencia de creer en lo que no se ve).

A lo que parece, la clase "emprendedora" nacional requiere una tasa de beneficio más alta que la que exigen las clases emprendoras de otros sitios para ponerse a "emprender", invertir o "crear empleo" , aunque menos mal que -todavía- parece no exige que sea tan alta como la exigida por la clase emprendedora china o vietnamita para ponerse a emprender, pero todo llegará.

2)  la segunda es la reforma del sector público, es decir, su progresivo desmantelamiento. El objetivo de esta política es darle espacio al sector privado, es decir, darle sectores en los que pueda "crear empleo", sustituyendo a la administración pública (y a los empleos públicos, de paso). Tiene su lógica, si bien se mira: si gracias a la reforma laboral, las tasas de beneficio por unidad producida son más elevadas, lo único que necesitan los capitalistas para tener muchos beneficios es vender muchas unidades, es decir, tener muchos mercados donde operar. 

Pues bien, a lo que parece, la clase emprendedora española, desde los tiempos de la dictadura, no se ha caracterizado por su capacidad de "descubrir" muchas nuevas áreas de negocio, así que lo mejor para ayudarle a "crear empleo" sería darle a explotar sectores ya "descubiertos"...como, por ejemplo, los que están a cargo del sector público. Aunque, por supuesto, ¡cómo no!, la justificación de esta política es que las empresas/trabajadores del sector privado lo hacen todo mejor (o sea, más eficientemente) que los funcionarios públicos, pues como todo el mundo sabe son vagos e ineficientes por definición, como ese "progre" dibujante llamado Forges lleva repitiendo desde hace décadas (me pregunto a qué tipo de médico es el que este señor acude cuando tenga una avería gorda. Si fuera consistente con sus opiniones no debiera nunca aceptar ninguno que trabajara en la sanidad pública). Policías, bomberos, soldados, profesores, investigadores, médicos de familia y oncólogos especializados,  enfermeras, asistentes sociales...no deben ser empleados públicos para este popular "analista" gráfico.

Como todo cliente de bancos, aseguradoras, constructoras, telefónicas, eléctricas, compañías sanitarias privadas, talleres de reparación, etc., sabe por experiencia repetida, es una gran mentira que las empresas privadas siempre lo hagan mejor que las administraciones públicas. Sin embargo, y a los hechos de los resultados electorales me remito, parece que esta política de desmantelamiento del sector público sí que ha gozado del pertinente mayoritario apoyo de la "ciudadanía" que cree a pies juntillas en esa ideología neoliberal, lo cual es lógico para los miembros de las clases emprendedoras que se benefician directamente de esa política, aunque en principio no lo sería tanto o no debería serlo para las clases "no emprendedoras", o sea, para las clases trabajadoras y los pensionistas. Tengo para mí que aquí, en esta asunción del neoliberalismo por parte de tantos trabajadores,  la envidia juega un papel muy importante. 

Simplemente, parece que muchos trabajadores del sector privado no pueden soportar que los del sector público tengan, tras las sucesivas reformas laborales, unas condiciones de trabajo algo más dignas que las suyas,    
(He de decir aquí, en honor de la verdad, que hay emprendores que han hallado nuevas áreas y sectores de negocio. No puedo sino alabar el gran número de emprendores que han descubierto nuevos sectores como el de panaderías, bares y restauración, herbolarios, talleres de reparación de bicicletas, turismo rural  y actividades como la manicura  y pedicura)

Pero como suele decirse, aunque esté mal dicho,  una cosa es la ideología, y la otra la realidad (está mal dicho porque la ideología, si es dominante, acaba creando la realidad) . Cierto, la "reforma" del mercado de trabajo y del sector público, o sea la austeridad para los trabajadores, les ha puesto las cosas que ni pintadas para los nuestros valientes y arriesgados "emprendedores", pero para que el emprendimiento tenga alguna perspectiva de éxito en una economía de mercado es necesario además que encuentre clientes, como ya recalcó Keynes hace ya 80 años, pues con sus gastos (o sea, los gastos de los propietarios del capital) no les basta para generar la suficiente demanda efectiva, como también señaló Kalecki hace 80 años. 

Y aquí, gracias sin duda al buen hacer de la amiga de la ministra de trabajo doña Fátima Báñez, la Virgen del Rocío que le ha echado una buena mano a los emprendedores españoles, los "emprendedores" españoles han podido gozar de los efectos directos e indirectos de:  
a) un comportamiento excelente de un sector turístico estimulado por los desmanes de esos auténticos "creadores de mercado" que son para nosotros los yihadistas y demás fundamentalistas musulmanes en el área del mediterráneo, 
b) el incumplimiento sistemático de los delirantes compromisos de deficit público impuestos por el eje franco-alemán,
c) la necesidad ineludible de reposición de capital fijo tanto de empresas como de economías domésticas tras años de tasas de inversión negativa, y
d) el tirón de las exportaciones 
e) la caída en los precios del petróleo con lo que la factura enérgética a pagar al exterior se ha reducido sustancialmente

Resulta obvia e innegable la mano de la Virgen del Rocío en todos estos hechos. Y la consecuencia de esa intervención milagrosa ha sido más que clara, prístina. La economía española ha salido de la crisis creando, además, un montón de empleo, precario eso sí (como se dice en jerga periodística, "de mierda" como se dice en la calle), pero empleo a fin de cuentas. Y a empleo "regalado" -por la Virgen- no hay que mirarle el diente, como dice el refrán (¿o sí?).

Por todo ello considero que sería hacerle un feo (además de un agravio comparativo, dado que ya el Gobierno del Partido Popular condecoró a otra Virgen, la del Pilar, por sus servicios a la seguridad del Estado) el no reconocerle a la Virgen del Rocío los servicios prestados a la economía nacional. Propongo por eso modestamente desde aquí el concederle a esta Virgen la Gran Medalla al Mérito del Trabajo con todos los distintivos del arco iris, que se la deberían imponer a dos manos, además, la ministra Báñez y el ministro don Luis de Guindos.    

Y es que gracias a ella han tenido los emprendedores españoles estos años la demanda que requerían sus emprededurías. Porque está claro que sin intervenciones divinas la austeridad que defiende la política neoliberal no funciona pues no es condición ni necesaria ni suficiente para salir de una crisis, al menos en un tiempo razonable.     

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